“El México que duele: De ‘fachos’ a ‘comentócratas’: sin debate… pero con etiqueta”
- Armando Javier Garcia

- 18 abr
- 2 Min. de lectura
En México, cuestionar al poder ya tiene nombre propio.
“Facho”.“Conservador”.“Comentócrata”.
Etiquetas que, hace no mucho, pertenecían a un sector ideológico específico. Palabras que no buscaban abrir debate, sino cerrarlo. No para argumentar, sino para descalificar.
Hoy, ese lenguaje y ese pensamiento esta en el poder.
En política, las palabras nunca son inocentes. Son herramientas.
Y cuando se usan para clasificar a quien piensa distinto, se convierten en mecanismo de control. Ahí comienza el verdadero problema. En su intención.
Cuando solo hay una forma válida de pensar, disentir incomoda.
Cuestionar te coloca automáticamente en el lado “equivocado”.
Después de 2018 cambió la narrativa que sostiene al poder en Mexico.
Actores que antes eran señalados como parte del problema —al menos en el discurso— hoy operan como si nada cambiara, Activistas , supuestos lideres se adaptaron.
Muchos de ellos son los que ahora estimulan el ataque de facho, conservadores entre otras palabras.
El poder rara vez se construye desde cero.
Esa es la contradicción que incomoda.
No porque sea compleja, sino porque es evidente.
La ideología, en este contexto, deja de ser una convicción… y se convierte en instrumento.
Un instrumento para algo más simple y más profundo: Imponer una versión de la realidad.
Mientras tanto, la ciudadanía juega un papel decisivo. No siempre desde el análisis, sino desde la reacción.
Comparte. Defiende. Repite.
No se trata solo del poder. Se trata también de quienes, desde espacios digitales, han convertido el debate en confrontación permanente.
Supuestos medios. Perfiles que no informan… atacan. Que no analizan… descalifican.
Y que han encontrado en la etiqueta una forma de pertenecer y cobrar del Estado.
Aiendo realista hoy, pensar distinto no solo incomoda al poder. También incomoda a quienes han hecho del discurso una trinchera.
El resultado es un país fragmentado, que dejó de buscar soluciones… y empezó a buscar culpables.
Pero hay una contradicción que no se puede ocultar: Los problemas no distinguen ideologías.
La inseguridad no pregunta a quién votaste. La inflación no diferencia entre “fachos” y “progresistas”.La falta de oportunidades no respeta etiquetas. La realidad alcanza a todos.
Incluso a quienes la niegan.
Al final, el problema no es cómo te llaman. Es lo que estás viviendo.
Y en ese punto, da lo mismo si alguien se siente intelectualmente superior por etiquetar…o si otro es señalado por cuestionar. La realidad no toma partido. los problemas siguen ahí.
Esperando algo más que etiquetas y excusas. Esperando soluciones.
Y es aquí donde quiero hacer una pregunta:
Si cuestionar al poder te convierte en “facho” o “comentócrata”… ¿cómo se define a un poder que busca imponer su narrativa incluso cuando la realidad la contradice?




Comentarios