México: endeudado, sin crecimiento… y sin rumbo claro
- Ruben Moreira

- 19 abr
- 2 min de lectura
Hay momentos en los que uno tiene que dejar de lado la narrativa oficial y hablar con claridad. Este es uno de ellos.
En una conversación reciente con Mario Di Costanzo y Miguel Ángel Sulub, pusimos sobre la mesa algo que el discurso político intenta suavizar: México atraviesa uno de los momentos económicos más delicados de su historia reciente.
Y no es una percepción. Es una realidad que ya se empieza a sentir en los bolsillos.
Hoy, de cada 10 pesos que produce este país, 6 ya están comprometidos por deuda. Sí, así de claro.
El problema no es solo cuánto se debe, sino en qué se ha usado ese dinero. Porque la Constitución establece que el endeudamiento debe destinarse a proyectos productivos, a inversión que genere crecimiento, desarrollo, oportunidades.
Pero eso no está ocurriendo.
México se ha endeudado… sin crecer. Y esa es la combinación más peligrosa para cualquier economía.
Durante años se ha querido sostener una imagen de estabilidad, pero lo cierto es que el gobierno ha actuado como un padre que gasta con la tarjeta de crédito sin pensar en el momento en que tendrá que pagarla.
Ese momento ya empezó.
Y cuando llegue por completo, las consecuencias serán inevitables: menos consumo, menos oportunidades y una caída en la calidad de vida. De hecho, eso ya lo están sintiendo millones de familias.
Porque mientras los números oficiales intentan maquillar la realidad, la inflación ha hecho lo suyo. Hoy, una canasta básica ronda los 5 mil pesos, mientras que muchos apoyos sociales no alcanzan ni para cubrir lo esencial.
Eso no es bienestar. Eso es desgaste.
Además, México dejó pasar una oportunidad histórica: el nearshoring. Mientras otros países aprovecharon la relocalización de empresas para atraer inversión y generar empleo, aquí se desperdició esa ventaja. No hubo estrategia, no hubo visión.
Y eso también tiene costo.
Hoy enfrentamos un país con más deuda, menor confianza y sin un crecimiento sólido que respalde las decisiones económicas. Incluso las proyecciones oficiales anticipan tasas de interés que, lejos de beneficiar, afectarán directamente a los ahorradores.
Es decir, el impacto será general.
Pero hay algo más preocupante: lo que viene.
Se ha anunciado un posible recorte presupuestal. Y no será en áreas menores. Será en infraestructura, en salud, en educación. Es decir, en lo que realmente mueve y sostiene el desarrollo de un país.
Ahí es donde duele. Ahí es donde se compromete el futuro.
Por eso lo digo con toda responsabilidad: México necesita reconocer su realidad. No desde la ideología, no desde la narrativa política, sino desde los hechos.
No se trata de alarmar. Se trata de entender.
Un país sin rumbo es un país que empieza a quedarse atrás.
Hoy estamos a tiempo de exigir responsabilidad, de tomar decisiones informadas y de no conformarnos con explicaciones que ya no sostienen la realidad.
México no necesita discursos que tranquilicen. Necesita decisiones que corrijan.
Antes de que el costo sea todavía mayor.




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