"Embajador en la mira: ¿diplomacia para México o para intereses de facción?"
- Armando Javier Garcia

- 20 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 20 ago 2025

Cuando los embajadores se convierten en botín político, no asegura el éxito diplomático, y muchas veces incluso deteriora la imagen del país.
El Congreso ha ratificado a Genaro Lozano como Embajador en Italia, propuesto por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Este hecho motivo que México Republicano, enviara un comunicado donde solicita la revocación del nombramiento. Más allá de la discusión sobre Lozano, el comunicado evidencia un problema más profundo: la politización extrema de la política exterior mexicana.
Se articula en tres ejes: ética, ideología y prestigio internacional. Pero lo más relevante no son los señalamientos en sí, sino el enfoque detrás de ellos.
Señalar al personaje como “radical” o “riesgoso” no apunta a lo que ha hecho, sino a lo que podría provocar en la diplomacia mexicana, dado que esta ya no responde únicamente a una visión de Estado, sino a los intereses de facciones.
Es cierto que todo nombramiento diplomático debería evaluarse con criterios de idoneidad y profesionalismo.
Pero cuando se prioriza la “afiliación ideológica” sobre la preparación, el debate pierde altura y se traslada al terreno de la lucha partidista.
Italia y el Vaticano son frentes estratégicos para México, y lo último que conviene es que nuestro representante sea percibido como rehén de disputas domésticas.

Si hoy se cuestiona a Lozano por afinidad política, mañana cualquier embajador podría ser descalificado por sus ideas personales, más allá de su capacidad para representar al país.
Entonces, aquí vienen la duda: ¿Qué busca realmente este modelo de gobierno como diplomacia?
¿Queremos que la diplomacia se convierta en otro campo de guerra ideológica interna?
Porque en ese escenario, quien pierde no es un partido ni un embajador, sino México y su credibilidad internacional.
La diplomacia debe ser visión de Estado, no propaganda disfrazada de valores ni trincheras para la confrontación partidista.




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