Humberto Zurita conquistó Tijuana con “El Seductor”
- Rosario Vélez

- hace 17 horas
- 2 Min. de lectura
Querido lector — ponte cómodo, ajusta el cinismo y guarda tu algoritmo de TikTok por un momento — porque hubo algo inusual en la frontera: personas reales, en asientos reales, riendo de conflictos reales (y de paso cuestionando sus decisiones afectivas cuestionables).
El escenario del Centro Cultural Tijuana se llenó de aplausos cuando Humberto Zurita llegó con su propuesta teatral El Seductor. Dos funciones con alta asistencia confirmaron que el teatro no está muerto — solo estaba esperando drama, picardía y un poco de crisis emocional bien actuada para revivir.

Zurita, protagonizando y dirigiendo la puesta, encarnó a Carlos: un hombre carismático, encantador y emocionalmente peligroso — ese arquetipo que parece salido de una novela decimonónica pero que tristemente sigue activo en WhatsApp en pleno 2026. Entre risas, equívocos y tensiones románticas, la obra explora temas como la soledad y la infidelidad, recordándonos que el caos sentimental nunca pasa de moda; solo cambia de plataforma.
El escenario no estuvo solo. El elenco elevó la experiencia con presencias de alto calibre:
Chantal Andere
Stephanie Salas
Gina Varela
Juntos construyeron una dinámica que osciló entre lo picante y lo reflexivo, demostrando que la comedia — cuando se hace bien — puede ser tan incómodamente honesta como un mensaje enviado a las 2:13 a.m.
Durante casi dos horas, la audiencia tijuanense permaneció atrapada entre carcajadas y momentos de introspección ligera (esa que llega cuando te ríes y luego piensas: ouch, eso me pegó más de lo esperado). El resultado: una noche que confirmó que el oficio, la experiencia y la química escénica siguen siendo capaces de llenar salas y mover emociones sin necesidad de filtros ni scroll infinito.

Porque al final — y aquí viene la moraleja ligeramente gótica — el teatro continúa siendo ese ritual colectivo donde observamos a otros cometer errores sentimentales… para no admitir que podríamos protagonizarlos nosotros.
Y en esa velada fronteriza, “El Seductor” no solo entretuvo: recordó que la seducción más peligrosa sigue siendo la narrativa humana — imperfecta, contradictoria y deliciosamente caótica.








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