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Rubén Rocha Moya está acorralado.

hace 24 minutos
2 min de lectura

El ex gobernador de Sinaloa -actualmente con licencia indefinida- pasó en cuestión de horas de sentirse nuevamente instalado en la silla del Palacio de Gobierno del Estado de Sinaloa, a convertirse en un problema político que nadie parece querer cargar. ¡Vaya manera de pasar del respaldo al abandono! Rocha Moya regresó después de 112 días de licencia y apenas tuvo tiempo de acomodarse en el despacho, porque un día estaba de regreso y al siguiente, ya estaba otra vez fuera.


Y aquí viene lo meramente interesante: no solamente tuvo enfrente a sus adversarios, también comenzaron a tomar distancia los propios morenistas. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó mensajes contundentes sobre que ningún interés personal puede estar por encima del pueblo y de la Nación. MORENA y los gobernadores emanados de la 4T también marcaron su distancia de la decisión de Rubén Rocha Moya de regresar al cargo. En política, esto tiene un nombre bastante conocido: “quedarse sin padrinos”.


Pero el problema de Rocha Moya no termina en las fronteras de Sinaloa. Los señalamientos provenientes desde los Estados Unidos de Norteamérica colocan el caso en una dimensión mucho más delicada, particularmente por las acusaciones que lo han relacionado con el crimen organizado.


Y aquí es en donde debemos hacer una precisión indispensable: que una persona sea señalada o investigada no significa que judicialmente haya sido declarada culpable. Cualquier responsabilidad debe de probarse ante las autoridades competentes y conforme al debido proceso. Pero tampoco podemos ignorar que los señalamientos existen y que han generado una presión política y diplomática por demás considerable.


Así que el escenario para Rubén Rocha Moya es cada vez más incómodo: en México perdió buena parte del respaldo político que alguna vez tuvo y, desde los Estados Unidos, enfrenta señalamientos que no desaparecen simplemente solicitando una licencia.


Y entonces aparece la pregunta que nadie quiere contestar: ¿Hasta dónde llegará el gobierno mexicano para proteger a uno de sus morenistas? Porque si la respuesta es que nadie está por encima de la ley, entonces está perfecto. Que se investigue a todos, sin privilegios, sin blindajes, sin importar partido, apellido, padrino o cargo. Pero si existen presiones para entregar a un ciudadano mexicano a otro país, esto también debe de hacerse bajo los procedimientos legales, la evidencia y la cooperación judicial, no mediante rumores ni vendettas políticas.


Lo cierto es que Rubén Rocha Moya pasó de ser gobernador a convertirse en un enorme costo político para MORENA. Y quizá esta sea la razón de que ahora sobran los silencios. Porque cuando el poder te protege, aparecen los amigos, pero cuando el poder comienza a soltarse, desaparecen hasta las fotografías.


Rubén Rocha Moya está fuera de la gubernatura, MORENA ya tomó su distancia, la presión internacional continúa, y Sinaloa ya está intentando darle vuelta a la página. La gran pregunta ahora es: ¿El fin de Rubén Rocha Moya será también el principio del fin del Rochismo? Esto todavía está por verse, pero una cosa parece cada vez más evidente: la silla quedó vacía y los padrino.


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