“90 días sin aranceles... y sin vergüenza”
- Javier García
- 1 ago 2025
- 3 Min. de lectura

En México, el silencio no es casualidad. Es política de Estado. Los pactos de silencio funcionan como la moneda de cambio entre el poder y la impunidad.
Se compran lealtades, se venden versiones, se alquilan conciencias. Pero ahora, desde dentro del aparato, hay señales de una fractura. Y como todo en esta tragicomedia nacional, no será por voluntad, sino por presión.
La política mexicana lleva años funcionando como una coreografía bien ensayada bajo la sombra de la sospecha. Pero lo que hoy ocurre ya no cabe en la categoría de “rumor”. Es más bien un acuerdo internacional mal maquillado de diplomacia, una tregua entre intereses y complicidades con nombre y apellido.
Tras una llamada con Donald Trump, México logró un aplazamiento de 90 días en la imposición de aranceles.
El gobierno de Claudia Sheinbaum lo celebró como una hazaña estratégica, una “victoria” que, en el fondo, suena más a tiempo comprado que a avance real.
Pero aquí viene el momento más aterrador de la tragicomedia política:Ese “respiro” diplomático podría ser más útil para reorganizar narrativas y proteger piezas políticas, que para enfrentar los problemas que desangran al país. Porque mientras los boletines hablan de publicidad, el narco sigue marcando territorio.
En Sinaloa, las narcomantas no descansan, las balaceras no cesan y los desplazamientos siguen su curso, todo bajo la sonrisa y el silencio del gobernador Rubén Rocha Moya, amparado por la narrativa oficial.En Veracruz, Rocío Nahle sigue acumulando denuncias mientras el cobro de piso, los secuestros y los crímenes contra la población avanzan con una eficiencia que ya quisiera la burocracia.
En Tabasco, el cártel de “La Barredora” opera con tal impunidad que hasta el presidente del Senado asegura sin rubor alguno que “nunca había oído hablar de ellos”. ¿Qué sigue? ¿Decir que tampoco conoce el huachicol?
Y en Quintana Roo, las acusaciones recientes de un expresidente municipal de Playa del Carmen salpican no solo a un exgobernador, sino también a la actual gobernadora,. Vaya, parece que el poder no se alterna: se hereda.
Pero entre tantos nombres, sobresale uno: José Ramón Gómez Leal, alias “JR”, senador de Morena por Tamaulipas, hombre clave en el control del noreste durante la primera fase de la 4T. Hoy, su nombre circula entre despachos diplomáticos e informes de inteligencia. ¿Colaborador? ¿Testigo? ¿Ficha de cambio?
Su figura podría convertirse en el primer temblor real al interior del aparato. Una grieta en la muralla de silencio que ha sostenido la narrativa del “cambio”.
Pero no nos hagamos ilusiones. Mientras aparece una posible filtración desde adentro, el aparato mediático oficial ese que trabaja tiempo completo para fabricar percepción ya opera con su maquinaria de humo.

Nos lanzan cifras, gráficos, discurso, lástima que la violencia, el miedo y la miseria no aparecen en sus gráficas.” Porque “Según el gobierno, todo va bien… siempre y cuando no salgas a la calle, no hables con nadie y vivas en un mundo paralelo.
México está atrapado entre quienes saben demasiado y quienes temen que lo sepan.
Y como siempre Mientras se presume orden, se negocia tiempo. Mientras se simula cooperación, se mueve el tablero. Mientras se predica transformación, se pacta en lo oscuro.
Hoy se ganaron 90 días más. Mañana, quizá entregarán un nombre uno sin peso real, claro para calmar la escena.
Y así, el país sigue sobreviviendo a la narrativa, pero no a la realidad. Porque en este México de acuerdos, de pactos obscuros y personajes que nunca aparecen en los boletines oficiales, la verdad no se esconde... se simula.








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