El balcón del conformismo.
- Rosario Vélez

- hace 5 días
- 2 Min. de lectura
La idolatría moderna ha alcanzado niveles preocupantes. Mientras el país enfrenta problemas reales como inseguridad, crisis económica, violencia y un sistema de salud debilitado, miles de personas se movilizan únicamente para esperar el saludo de un grupo de artistas desde un balcón en el Zócalo de la Ciudad de México.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció con entusiasmo que integrantes de BTS saludarían a sus seguidores, generando una expectativa desbordada entre cientos de fanáticos. El fenómeno resulta inevitablemente comparable con las apariciones del Papa en el Vaticano: multitudes esperando una señal, una mirada o un gesto simbólico que pareciera llenar vacíos emocionales y sociales mucho más profundos.
La pregunta es inevitable: ¿en qué momento la sociedad comenzó a conformarse con tan poco? Un saludo fugaz desde un balcón se convierte en motivo suficiente para abandonar responsabilidades, soportar largas horas bajo el sol y convertir a figuras del entretenimiento en símbolos casi sagrados.
No estoy tratando de atacar la música ni el derecho de las personas a admirar artistas. El verdadero problema se debe a que la admiración se transforma en dependencia emocional colectiva.
Mientras algunos esperan cambios reales, otros celebran segundos de atención de celebridades que probablemente jamás conocerán.
Esta es la realidad cotidiana del pueblo mexicano. La industria del entretenimiento ha entendido algo que la política y las instituciones no han logrado resolver: la gente necesita pertenecer a algo, sentir emoción, escapar de la rutina y encontrar ídolos. Y ahí es donde millones quedan atrapados entre el fanatismo y el conformismo.
Quizá el problema no sea que los artistas saluden desde un balcón. El problema es que eso se haya convertido en uno de los acontecimientos más emocionantes para una parte de la sociedad y una distraccion nacional.




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