EL NUEVO MILAGRO POLÍTICO: LOS “AUTÉNTICOS” REGRESAN POR MORENA.
- Armando Javier Garcia

- 7 ago
- 3 min de lectura
Hay una regla no escrita en la política: Si una marca comienza a desgastarse, no siempre cambian los protagonistas; muchas veces cambian el relato.
Permítame comenzar con una advertencia. Esta no es una columna sobre el pasado. Es una columna sobre quienes intentan convencer de que el pasado ocurrió de otra manera.
Existe una palabra para eso; se llama. Memoria.
Palabra que para mí significa ese lugar extraordinariamente frágil, donde las sociedades guardan aquello que realmente sucedió... hasta que alguien descubre que resulta más conveniente modificar el recuerdo que asumir la responsabilidad.
La naturaleza tiene una costumbre curiosa. Cuando un árbol comienza a secarse, los pájaros no organizan una conferencia de prensa para explicar por qué decidieron marcharse. Simplemente vuelan hacia otro lugar.
La política, desafortunadamente, es mucho más sofisticada.
Aquí lo que cambia es la historia que cuentan sobre sí mismos. De pronto aparecen los auténticos fundadores.
Los que, curiosamente, olvidan mencionar las fotografías, los discursos y las campañas que compartieron cuando el viento soplaba a favor.
Porque existe una regla no escrita dentro de la estrategia política.
Cuando una marca comienza a desgastarse, entonces ocurre algo extraordinario.
No se intenta transformar el presente. Se intenta transformar el recuerdo del ciudadano.
En Quintana Roo insisten con la narrativa que merece observarse con calma.
Durante la pasada campaña, la coalición Morena Verde PT aparecía como un solo proyecto.
Se pedía el voto en conjunto. Compartieron escenarios y celebraron el triunfo como una victoria común.
Pero cuando llegan el desgaste, las críticas y el costo político de gobernar, algunos discursos comienzan a sugerir que las responsabilidades pertenecen únicamente a una parte de esa misma alianza.
Culpando de todos los males al partido Verde, pero se les olvida algo interesante.
Si un proyecto se construyó de manera conjunta, resulta legítimo preguntarse si también debe evaluarse de manera conjunta.
Debido a que las alianzas no solo comparten los aplausos.
También deberían compartir las consecuencias.
Y, sin embargo, ahora intentan cambiar la conversación pública, alrededor de qué partido debe cargar con el desgaste; casi nadie parece discutir lo verdaderamente importante.
¿Qué rumbo lleva el gobierno?
¿Qué resultados ofrecen las políticas públicas?
¿Qué instituciones se fortalecieron?
¿Qué problemas permanecen exactamente donde estaban?
Tal vez eso cambió la conversación.
Mientras todos discuten quién debe quedarse con la culpa, casi nadie analiza hacia dónde avanza el país.
Y esa distracción suele ser extraordinariamente útil para quienes ejercen el poder.
Existe otra palabra que conviene recordar. Narrativa.
Pero los hechos tienen una virtud incómoda. No cambian porque cambie el discurso.
Lo único que permanece son sus resultados.
Quizá por eso, quienes hoy se hacen llamar “auténticos” están desesperados por vender una narrativa: que son distintos y que ahora van a recuperar su movimiento; un movimiento que, en su momento, entregaron mediante el pacto que aceptaron cuando decidieron ir en la campaña en aquella alianza.
Si la ciudadanía acepta esta historia, seguramente es por dos razones.
La primera: porque las personas tendemos a aferrarnos a lo conocido, incluso cuando aquello que conocemos nos ha demostrado que no funciona.
Psicológicamente, es más fácil justificar una decisión anterior que reconocer que nos equivocamos al tomarla.
La segunda es todavía más incómoda: nos quejamos de los males, pero muchas veces seguimos eligiendo, defendiendo o tolerando aquello mismo de lo que nos quejamos.
Queremos resultados diferentes, pero repetimos las mismas decisiones.
Y así es como una sociedad puede quedarse atrapada en un círculo. Y es aquí una vez más, querido lector, donde les hago dos pregunta: ¿Hasta dónde permitirás que te utilicen?
Porque antes de decidir tu voto, quizá convenga analizar algo más importante:
¿Estás eligiendo por convicción… o simplemente estás volviendo a confiar en quienes ya aprendieron cómo convencerte?




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