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EL PRI VUELVE A HABLAR DE SEGURIDAD: ¿AGENDA CIUDADANA O ESTRATEGIA POLÍTICA?

Permítame advertirle algo antes de comenzar.

Si un partido político organiza un foro, no siempre está buscando ser escuchado.

A veces también está intentando que usted escuche.


Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, puede decir bastante sobre la estrategia que hay detrás.


Este miércoles, el PRI realiza en Monterrey su cuarto Foro Nacional de Seguridad y Paz, después de encuentros en Tijuana, Guadalajara y Mérida.


Sobre el papel, todo parece bastante razonable: especialistas, académicos, empresarios, policías, militares, organizaciones civiles y ciudadanos reunidos para hablar de uno de los problemas que más preocupan a los mexicanos. La seguridad.


Un tema que, en México, ya no necesita demasiadas definiciones.

Significa poder salir de casa y regresar.


Significa que un comerciante pueda abrir su negocio sin pagar un impuesto al crimen.

Significa que una familia no tenga que modificar sus rutinas por miedo.


Y también significa algo que los partidos políticos conocen muy bien:

votos.


No porque hablar de seguridad sea malo. Todo lo contrario.


El problema aparece cuando una preocupación legítima de la sociedad se convierte en una oportunidad demasiado conveniente para reposicionar una marca política.


Y aquí comienza la parte interesante.

¿Por qué el PRI está colocando nuevamente la seguridad en el centro de su conversación nacional?


Eso empieza a parecer algo más que una serie de reuniones.

Parece que el PRI necesita precisamente eso: volver a ocupar un espacio en la conversación pública.

Pero aquí aparece el verdadero problema del partido. La credibilidad.

Porque el PRI no está hablando desde la neutralidad de un observador.

Gobernó México durante décadas.

Gobernó estados y municipios.

Tuvo policías, procuradurías, fiscalías, gobiernos y presupuestos bajo su responsabilidad.

Por eso, cuando ahora plantea que México necesita recuperar la paz, fortalecer las instituciones y recuperar el control territorial, la ciudadanía tiene derecho a hacer una pregunta bastante incómoda:


¿Por qué deberíamos creerles ahora?

La pregunta no invalida sus propuestas actuales.

Pero sí obliga al partido a explicar qué aprendió de sus propios gobiernos.



La seguridad ya no puede reducirse a más patrullas, más elementos o más operativos.

Requiere inteligencia, investigación criminal, coordinación institucional, policías profesionales, fiscalías capaces, inteligencia financiera y gobiernos locales con capacidad para resistir la presión del crimen.


Y requiere algo todavía más aburrido para cualquier político: evaluación. Sí.

Esa palabra poco espectacular que significa preguntar después de una política pública ¿Funcionó? Eso es mucho más ambicioso.


Si de Tijuana, Guadalajara, Mérida y Monterrey sale una propuesta nacional con objetivos, responsables, indicadores y mecanismos de evaluación, entonces estaremos frente a algo más que una estrategia de comunicación.


Pero Todavía le faltaría recuperar algo mucho más difícil. La confianza.

Y esa, estimado lector, no se consigue organizando cuatro foros.

El verdadero examen del PRI Será lo que haga después de él.

Convertirlos en una propuesta creíble demostrará si realmente está preparado para volver a gobernar.



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