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ROCHA MOYA REGRESA Y MORENA SE DESLINDA: ¿CAMBIÓ EL ESCENARIO O CAMBIÓ LA MEMORIA DEL PODER?

Le recomiendo algo antes de continuar. No haga coraje. Tampoco se ría demasiado.

Esta historia tiene algunos elementos que podrían parecer cómicos si no fuera porque estamos hablando de poder, crimen organizado, investigaciones y algo que en México suele pronunciarse con una solemnidad casi religiosa, empecemos con la gran defensa de la Soberanía: palabra que, para efectos de esta columna, significa la capacidad de un país para decidir sobre sus asuntos sin que otro país venga a decirle cómo hacerlo. Al menos en teoría.


Porque en política las palabras tienen una extraña capacidad para cambiar de significado dependiendo de quién las pronuncia, quién está siendo señalado y, sobre todo, quién necesita utilizarlas en ese momento. Hace unos meses, Estados Unidos señaló al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el crimen organizado.

La acusación provocó una respuesta inmediata.


Desde el poder aparecieron las palabras que suelen aparecer cuando una acusación viene desde fuera: soberanía, respeto, pruebas, instituciones.

La Fiscalía General de la República sostuvo que no existían elementos suficientes para proceder contra el gobernador. Rocha Moya pidió licencia durante 112 días mientras se desarrollaban las investigaciones. Y entonces ocurrió algo bastante interesante.

El aparato político cerró filas. No estás solo. La idea era clara.


Podían cuestionar al gobernador, pero cuestionarlo desde fuera parecía convertirse automáticamente en una cuestión de soberanía nacional. Hasta aquí, todo parece bastante comprensible.


Pero, como suele ocurrir en las historias que merecen una columna, llegó el momento en que alguien decidió complicarla.

Ciento doce días después, Rocha Moya regresó al cargo. Y entonces sucedió algo que merece atención.

La misma estructura política que anteriormente había cerrado filas comenzó a tomar distancia.

Desde la Presidencia y Morena explicó que el regreso era una decisión de carácter personal.


Si Personal. Una palabra extraordinaria. Puede significar que alguien decidió algo por sí mismo.

También puede servir para decir: “Eso ya no nos corresponde”. No afirmo que haya ocurrido lo segundo. Sería injusto. Pero tampoco veo por qué el ciudadano debería dejar de hacerse la pregunta.


Hoy, la decisión es personal.

Hace unos meses, la soberanía estaba en juego.

Hoy, existe la posibilidad de tomar distancia. Y entonces uno empieza a preguntarse si la soberanía es un principio... o si, en determinadas circunstancias, se convierte en una especie de paraguas político que aparece justo cuando comienza a llover.

No se trata de declarar culpable a Rocha Moya. Pero aquí viene la segunda parte de esta historia. Y créame: sería mucho más cómoda si no le prestas atención.


Mientras el gobernador regresaba a su despacho, México recibía desde Argentina al excontralmirante Fernando Farías Laguna, señalado por presuntos delitos relacionados con el llamado huachicol fiscal. México lo recibió. Y las autoridades celebraron la cooperación institucional.


Hasta ahí, nuevamente, nada extraño. Los países cooperan. Las investigaciones cruzan fronteras. Los presuntos delincuentes pueden ser perseguidos internacionalmente.

Todo bastante razonable.


Solo que, casi al mismo tiempo, Omar García Harfuch se encontraba en Buenos Aires participando en una conferencia internacional de seguridad organizada por la DEA.


Y entonces apareció una de esas preguntas que nadie invita a las conferencias de prensa

¿Tuvo algo que ver la DEA con la rapidez del traslado?

La defensa del contraalmirante y algunos analistas lo cuestionaron.


La presidenta Claudia Sheinbaum negó que Harfuch hubiera intervenido en el traslado y explicó que el procedimiento era resultado de trabajos institucionales que ya venían desarrollándose.


Entonces aceptemos esa explicación. Pero no dejemos de hacer la pregunta. ¿Por qué volvió Rocha Moya como gobernador?

Tenía derecho a hacerlo, probablemente. Pero tener derecho a regresar no explica por qué decidió hacerlo ahora. Y tampoco explica por qué quienes hace apenas unos meses cerraban filas para defenderlo hoy mencionan que su regreso es un asunto estrictamente personal.


Eso sí resulta curioso. Porque en política las distancias rara vez aparecen por accidente.

A veces aparecen cuando alguien deja de ser un activo y comienza a convertirse en un riesgo.


Y no estoy diciendo que Morena sepa algo que nosotros no sepamos. Sería irresponsable afirmarlo sin pruebas.


Pero entonces hay otra pregunta:

¿Qué cambió para que quienes ayer consideraban indispensable proteger la imagen de Rocha Moya hoy consideren prudente tomar distancia?

Quizá cambió la información.

Y eso, querido lector, es una tragedia para morena pero... Sería una tragedia particularmente para las y los mexicanos, que el poder cambie de versión justo a tiempo antes de iniciar las elecciones y nosotros volvamos a creerle.



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