EL PACTO DE SABINAS: FRANCISCO VILLA DEPONE LAS ARMAS
- José Luis Jaramillo Vela

- 16 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 17 nov 2025

“Muerto el perro, se acabó la rabia”
El 21 de mayo de 1920, en la madrugada fría de Tlaxcalantongo, Venustiano Carranza cayó asesinado mientras intentaba huir hacia Veracruz.
Su destino estaba sellado desde el momento en que decidió imponer como sucesor al embajador Ignacio Bonillas, un hombre ajeno a la tierra que decía representar. El grupo que dominaba la política y la guerra —los Sonorenses— no toleró la afrenta. Obregón, Calles, Hill, Pesqueira, Flores y el propio Adolfo de la Huerta proclamaron el Plan de Agua Prieta y desconocieron a Carranza y a Bonillas. De esa fractura nació la caída del régimen carrancista y el ascenso del interinato de De la Huerta.
Mientras el país ardía, en Chihuahua, Francisco Villa recibió la noticia del asesinato de Carranza con un suspiro silencioso: había muerto su enemigo más obstinado. Villa no se había sumado al levantamiento sonorense, aunque lo buscaron. Él sabía reconocer el olor de una traición y ya había vivido demasiadas.
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