¿En México la democracia comenzó a temerle a la democracia?
- Armando Javier Garcia

- 17 jun
- 2 min de lectura
Mientras unos defienden la pluralidad en el discurso, otros parecen descubrir que la competencia resulta incómoda cuando amenaza espacios de poder.
Hay algo curioso en la política mexicana. La reciente resolución de la Sala Superior del Tribunal Electoral, que mantiene válidas las afiliaciones y asambleas de Somos México, podría parecer para algunos un asunto técnico. Un expediente más. Un trámite jurídico más.
Pero quizá la discusión de fondo no está en los documentos.
Quizá está en las reacciones.
¿Por qué para el partido político que está en el poder el nacimiento de nuevas fuerzas políticas provoca tanto ruido?
Durante años escuchamos que México necesitaba más participación ciudadana.
Más voces.
Más opciones.
Más democracia.
Sin embargo, cuando surge un proyecto que busca abrirse paso en ese terreno, aparecen de inmediato las sospechas, las impugnaciones, los cuestionamientos y las advertencias sobre los riesgos que representa.
Y entonces vale la pena preguntarse:
¿La preocupación está realmente en el cumplimiento de la ley?
¿O existe también el temor de que nuevos liderazgos comiencen a disputar espacios que durante años parecían reservados para los mismos grupos de siempre?
Seamos honestos: una cosa es defender las reglas democráticas.
Y otra muy distinta es utilizar las reglas como una muralla para evitar nuevos competidores.
La resolución del Tribunal deja una señal interesante: las reglas son las mismas para todos.
Para quienes ya gobiernan.
Y para quienes aspiran a gobernar.
Algo que, en teoría, debería parecer normal en cualquier democracia madura.
Aunque, viendo algunas reacciones, pareciera que no todos están completamente convencidos.
Y aquí surge otra pregunta incómoda.
¿La política mexicana está destinada a girar eternamente alrededor de los mismos nombres, los mismos apellidos y los mismos grupos de poder?
¿O existe espacio para que una nueva generación de ciudadanos, profesionistas, académicos, activistas y liderazgos comunitarios participe sin pedir permiso a las estructuras tradicionales?
Nadie puede afirmar hoy cuál será el futuro electoral de Somos México.
Nadie sabe si logrará consolidarse como una fuerza competitiva.
Eso lo decidirán los ciudadanos.
Pero lo verdaderamente interesante es que su aparición ya provocó algo que muchos creían imposible...
Una conversación sobre quién tiene derecho a competir.
Querido lector, la democracia nunca se fortalece cuando unos cuantos deciden quién puede participar. Se fortalece cuando las ideas compiten.
Cuando los ciudadanos comparan, pero sobre todo cuando las urnas hablan.
Y es ahí, querido lector, cuando el poder entiende algo que suele olvidar con demasiada frecuencia:
La democracia no fue creada para proteger a los partidos.
Fue creada para proteger el derecho de los ciudadanos a elegir entre ellos.




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