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México–Estados Unidos: ¿la relación aguanta o la soberanía se convirtió en narrativa política?

Mientras el comercio mantiene una fracción de la relación bilateral, por otro lado, los temas de migración, seguridad y crimen organizado mantienen encendidas las alertas.

¿Estamos ante una relación estable o ante una estabilidad que México necesita preservar hasta las elecciones de 2027?


Hay frases que parecen tranquilizar a una nación. México y Estados Unidos siguen hablando, negociando, comerciando y cooperando en distintos asuntos.

La relación económica continúa siendo demasiado importante para ambos países como para ignorarla.


Al mismo tiempo, la relación comercial sigue mostrando cifras importantes. Pero aquí comienza la verdadera discusión. Una relación bilateral puede seguir funcionando y, al mismo tiempo, acumular tensiones que sería irresponsable ignorar. El comercio puede mantener una relación de pie. Pero el comercio no elimina el crimen organizado, no garantiza seguridad.

Y tampoco reconstruye automáticamente la confianza en las instituciones.


De hecho, los propios gobiernos de México y Estados Unidos mantienen mecanismos de coordinación específicos en seguridad y migración, bajo conceptos como soberanía.


Entonces, ¿por qué insistir en presentar cualquier cuestionamiento externo como si necesariamente fuera un ataque contra México?

Y es aquí donde la palabra soberanía, defensores de la patria e injerencismo, merece una discusión mucho más seria.


México tiene todo el derecho de defender su soberanía. Pero defender la soberanía no significa negar los problemas internos y quién los ocasiona, y mucho menos significa pedirle al ciudadano que confunda cualquier cuestionamiento extranjero con una agresión contra la nación.


Debido a que la defensa de la soberanía se demuestra con resultados. Con capacidad para hacer cumplir la ley, sobre todo con un Estado capaz de garantizar que ningún grupo político, económico o criminal esté por encima de las instituciones.


Y aquí existe una pregunta que deberíamos hacernos con absoluta honestidad:

¿De qué sirve hablar de soberanía si el Estado no puede garantizar plenamente la seguridad y los derechos de sus propios ciudadanos?

 

Cooperar no significa someterse y quienes convierten esta discusión en una defensa para beneficiarse electoralmente pueden ser más perversos que de beneficio..

México tiene intereses propios, pero defender los intereses nacionales no significa cerrar las colaboraciones y mucho menos defender a quienes están siendo señalados por temas que van en contra de la seguridad nacional.


Una nación soberana negocia, y una nación fuerte sabe establecer límites, pero también reconoce cuándo la cooperación internacional puede servir a sus ciudadanos.

Por eso es conveniente que las y los ciudadanos también comprendan cómo funciona la política exterior. De lo contrario, se corre el riesgo de convertir todo en una batalla política.

La defensa de la soberanía genera identidad. El nacionalismo moviliza.


La amenaza externa puede cerrar filas. Y una narrativa de confrontación puede resultar políticamente rentable.


Pero una cosa es que una narrativa funcione electoralmente y otra muy distinta es que sea la mejor política de Estado. México tiene millones de empleos vinculados al comercio con América del Norte. Tiene cadenas productivas integradas. Tiene familias cuya economía depende de esa relación.



Y tiene, además, problemas de inseguridad internos que no desaparecen porque un gobierno o sus aliados políticos pronuncien un discurso que le genere votos. .

México necesita seguridad, empleos, inversión y, sobre todo, instituciones sólidas.


Por eso sería un error reducir la relación México–Estados Unidos a una pelea de buenos contra malos.


México no debería esperar a que una crisis internacional obligue a reconocer nuestras propias debilidades.


Existen señalamientos, presiones o cuestionamientos desde el exterior, y ahí les corresponde a las instituciones mexicanas responder con información, investigaciones, procedimientos y resultados. Pero para ello debería ser una institución autónoma.

 

La soberanía no consiste únicamente en decirle a otro país: “No intervengas”. La defensa de la nación no se debe utilizar como narrativa política mientras dejamos sin resolver los problemas que verdaderamente amenazan a los mexicanos.


Así que, mis queridos lectores, ¿consideran que la soberanía debería servir para proteger al poder de unos cuantos o qué significa defender la soberanía cuando los problemas internos también comprometen al país?



“Una relación bilateral puede seguir funcionando y, al mismo tiempo, acumular tensiones que sería irresponsable ignorar.”


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