¿Y el Rocha?
- Carlos Avendaño

- 9 jun
- 2 min de lectura

La pregunta comienza a repetirse en cafés, en oficinas, en redacciones, en grupos de WhatsApp y en las benditas redes sociales, ¿Y el Rocha? Porque cuando un gobernador desaparece del debate público durante semanas, las especulaciones ocupan el espacio que deja el silencio, y el silencio, en política, casi nunca es una estrategia ganadora. Durante años, los gobernantes buscaron aparecer hasta en la sopa. Inauguraron banquetas, supervisaron semáforos, cortaban listones, encabezaban reuniones, posaban para fotografías.
Pero hoy ocurrió algo extraño. La figura política más importante de Sinaloa parece haberse convertido en el personaje más difícil de encontrar. Y cuando un gobernador deja de aparecer en momentos de crisis, inevitablemente surgen preguntas. Preguntas que no nacen de la oposición, ni de los medios, ni de los adversarios políticos, no nacen de la ausencia. Porque la naturaleza detesta el vacío y la política también. Cada día sin explicaciones claras alimenta las nuevas versiones.
Cada semana sin presencia pública fortalece los rumores. Cada silencio prolongado multiplica la incertidumbre. La consecuencia es inevitable y la conversación deja de girar alrededor de los hechos. Y entonces comienza a girar alrededor de las especulaciones.
Lo preocupante no es solamente en dónde está un gobernador. Lo preocupante es en dónde está el liderazgo que se supone debe de aparecer precisamente cuando las circunstancias son más complicadas. Los gobiernos no fueron creados para administrar días tranquilos, sino que fueron creados para enfrentar las crisis. Y las crisis exigen presencia, exigen comunicación, exigen respuestas. Porque cuando la autoridad desaparece del escenario, otros ocupan el espacio. Y estos son claramente los rumores, las versiones encontradas, las teorías, las sospechas, y ninguna de ellas beneficia a las instituciones. Al final de cuentas, la pregunta más importante quizá no sea dónde está Rocha.
La pregunta es ¿Por qué los sinaloenses tienen que preguntarlo? Porque cuando un gobernador se vuelve noticia por su ausencia, algo dejó de funcionar en la comunicación política. Y cuando el silencio se convierte en protagonista, la incertidumbre termina gobernando. Mientras tanto, en Sinaloa sigue resonando la misma simple pregunta, directa e incómoda, ¿Y el Rocha?





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