La bomba de gasolina… y la otra bomba fiscal.
- Carlos Avendaño

- 15 abr
- 3 Min. de lectura
Cada vez que un automovilista llega a la gasolinera y ve el precio del litro rondando los 30 pesos, suele pensar que la culpa es del petróleo, de los mercados internacionales o en el peor de los casos, de la gasolinera de la esquina. Pero la realidad es más incómoda. Cuando se desmenuza el precio del combustible aparece una verdad poco mencionada en el discurso político: la gasolina también es un poderoso mecanismo de recaudación fiscal.
De esos casi 30 pesos por litro: cerca de 10 pesos se van directo a impuestos, entre el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios y el Impuesto al Valor Agregado. Apenas un peso queda como margen para la gasolinera y el resto corresponde al combustible refinado por Petróleos Mexicanos o importado. Traducido al lenguaje de la calle: el gobierno gana casi lo mismo que cuesta la gasolina misma. Y aquí está la ironía.
La gasolina suele presentarse como un tema de política energética, cuando en realidad también es un asunto de política fiscal. Porque cada vez que alguien llena el tanque, no sólo está comprando combustible: está pagando impuestos de manera automática. Sin declaraciones, sin contadores y sin auditorías.
La recaudación más eficiente del sistema tributario. El problema es que este tipo de impuestos tiene efectos de reacción en cadena. Cuando sube la gasolina: sube el transporte, sube la logística, suben los alimentos y sube prácticamente todo. Es decir, el impuesto al combustible termina funcionando como un impuesto indirecto para toda la economía.
Por esto la discusión pública sobre la gasolina casi siempre se queda en la superficie: si subió el petróleo, si bajó el subsidio, si el mercado internacional presiona. Pero pocas veces se habla de la pregunta incómoda: ¿Cuánto del precio de la gasolina es energía y cuánto es recaudación? Porque al final del día, cada vez que el surtidor marca los casi 30 pesos por litro, lo que realmente estamos viendo es una mezcla de combustible y de política fiscal…
¿Por qué la gasolina cuesta casi los $30 pesos si el combustible vale mucho menos? La estructura del precio de la gasolina es un buen ejemplo para explicar la formación de precios en los mercados regulados. El precio final no depende sólo del producto, sino de varios componentes. 1. Costo del bien. El combustible como producto energético cuesta aproximadamente $12 pesos por litro. Este precio depende de factores como: costo del petróleo, refinación, importaciones y tipo de cambio. Gran parte de la gasolina consumida en México proviene de las refinerías de Petróleos Mexicanos o del mercado internacional. 2. Impuestos indirectos.
El precio incluye dos impuestos principales: Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Estos impuestos suman aproximadamente $10 pesos por litro. En la economía, esto se conoce como impuestos indirectos que se trasladan al consumidor. 3. Costos de distribución. Antes de llegar al consumidor, la gasolina debe de transportarse y almacenarse. Esto incluye: terminales de almacenamiento, transporte en pipas o ductos, seguridad y control del combustible. Este componente cuesta aproximadamente $1.50 por litro. 4. Margen del vendedor.
La estación de servicio obtiene alrededor de $1 peso por litro. Este margen cubre: salarios, electricidad, mantenimiento y operación del negocio. En economía esto se llama margen comercial de ganancia. 5. Lección económica clave. El ejemplo de la gasolina muestra que el precio final puede descomponerse así: Precio final = costo del bien + impuestos + distribución + margen. En el caso mexicano: 48% producto, 42% impuestos, 10% distribución y comercialización. Esto demuestra cómo la política fiscal puede influir directamente en el precio de mercado




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