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La caída que no se anuncia: el reacomodo de un poder que se protege

Cayó Adán Augusto y dicen que fue “relevo”. En la política mexicana nada “pasa”, todo se acomoda. Y cuando te “acomodan” fuera del poder real, no es relevo: es caída controlada.


Adán Augusto López Hernández dejará la coordinación del grupo parlamentario de MORENA en el Senado. Eso dijeron en conferencia de prensa, con cara de normalidad democrática y lenguaje de trámite administrativo.


Que no panda el cunico, al cabo que no pasa nada. Él se queda como senador, pero ya no manda, ya no reparte, ya no decide. En su lugar llega Ignacio Mier Velazco. Un político disciplinado, gris, confiable para el régimen.


Un operador sin estridencias, ideal para apagar incendios sin hacer ruido. Porque cuando el poder cambia de manos sin explicaciones claras, no es rotación: es contención de daños. La pregunta no es qué es lo que pasó, sino qué es lo que viene. Porque Adán Augusto no era cualquier senador. Fue secretario de Gobernación, hombre fuerte del obradorismo, operador político de primer nivel y -hasta hace poco- pieza central del tablero.


Nadie pierde esa posición por casualidad, ni por cansancio, ni por “ajustes internos”. Aquí las preguntas por demás obligadas no son malicia, sino simple lógica política. ¿Será Adán Augusto el primer nombre pesado que Estados Unidos pone sobre la mesa en la “cooperación bilateral” contra el narcotráfico? ¿Será este movimiento el preámbulo de un desafuero elegante, sin escándalo, sin aspavientos, pero con consecuencias? ¿O simplemente ya estorba en la nueva narrativa de pureza selectiva del régimen? Tiempo al tiempo, dicen los viejos lobos del poder.


Y cuando dicen eso, es porque ya saben algo. Lo que sí nos queda más que claro es que MORENA empieza a mover sus piezas como quien sabe que vienen tormentas. Sacan a uno antes de que lo empujen.


Lo bajan del reflector antes de que el reflector lo queme. Y lo venden como transición ordenada, cuando en realidad huele a sacrificio preventivo. Ignacio Mier no llega por su carisma ni por su liderazgo natural, llega porque no incomoda, porque no tiene cuentas pendientes visibles y porque sabe obedecer.


Es el perfil idóneo cuando se necesita que el Senado camine bien derechito, sin preguntas incómodas, sin rebeldías internas, sin protagonismos. Mientras tanto, Adán Augusto se queda, pero ya no pesa, está presente aun, pero ya no manda, habla, pero ya no decide, existe, pero ya no estorba. En la política mexicana, esto es el principio del fin, porque hoy fue la coordinación, mañana podría ser el desafuero, pasado mañana el expediente. Y que no digan que no se les avisó con tiempo, porque esto apenas comienza…



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