La cumbre contra los cárteles, sin México.
- Carlos Avendaño

- 13 mar
- 2 Min. de lectura

En política internacional, a veces lo importante no es quién habla, sino quién no fue invitado. Y esto fue justamente lo que ocurrió en la reunión “Américas contra los Cárteles” celebrada en Miami, en la sede del United States Southern Command. Ahí, Estados Unidos y casi veinte países de América Latina y el Caribe firmaron un acuerdo para reforzar la cooperación contra lo que Washington ya denomina “narcoterrorismo”.
La reunión fue encabezada por Pete Hegseth, y se presenta como antesala de la estrategia regional que impulsa Donald Trump bajo el concepto de “Escudo de las Américas”. Hasta ahí, podría parecer un encuentro más de seguridad regional. Pero el detalle que encendió las alarmas es otro. México no estuvo, tampoco Colombia ni Brasil.
Es decir, tres de los países más relevantes en la geopolítica del narcotráfico continental. Y mientras tanto, desde Washington se lanzó una advertencia que no pasó desapercibida: Estados Unidos podría actuar militarmente contra los cárteles incluso sin respaldo regional. Una declaración que inevitablemente abre un debate delicado: soberanía, cooperación y presión internacional.
Porque cuando una potencia militar habla de actuar “por su cuenta”, el mensaje diplomático suele ser bastante claro. En paralelo, el presidente Donald Trump volvió a lanzar comentarios sarcásticos hacia la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, imitando su tono en un acto público y criticando la estrategia de seguridad mexicana.
Más allá del estilo provocador que caracteriza a Donald Trump, el episodio refleja algo más profundo: la relación bilateral en materia de seguridad atraviesa por un momento de tensión política y narrativa. Washington presiona, pero México defiende su soberanía.
Y en medio de este pulso diplomático, la pregunta inevitable es: ¿Se trata de una estrategia real de cooperación continental o de una nueva etapa de presión política desde los Estados Unidos? Porque en la política internacional, como en el ajedrez, a veces la jugada más importante no es el movimiento que se hace, sino el lugar en donde deciden dejarte fuera del tablero.




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