Mara Lezama, sus vuelos privados y el respaldo político en Quintana Roo.
- Armando Javier Garcia

- hace 5 días
- 3 min de lectura
Quintana Roo tiene un problema más profundo que los vuelos privados de una gobernadora: la facilidad con la que el poder puede convertir una pregunta incómoda en una discusión pasajera.
El verdadero asunto no es quién voló, cuántas veces, en qué aeronave o quién pagó.
El verdadero asunto comienza cuando una controversia llega al espacio público y, en lugar de producir respuestas proporcionales, empieza a producir silencios, deslindes, explicaciones parciales y una sociedad cada vez más acostumbrada a no exigirlas.
Ahí comienza la política.
Distintas investigaciones periodísticas —entre ellas las realizadas por Reforma, con participación de POPLab y CONNECTAS— han documentado traslados de la gobernadora Mara Lezama en aeronaves privadas.
Las cifras varían según el periodo y la metodología utilizada: algunos reportes hablan de decenas de vuelos desde su etapa como alcaldesa de Cancún; otros identifican vuelos internacionales realizados en aeronaves Gulfstream vinculadas a una empresa relacionada con proveedores del gobierno estatal.
Los números pueden discutirse. Y debería discutirse.
Pero precisamente por eso la pregunta fundamental no debería ser solamente cuántos vuelos hubo.
Hay que tener presente que en política, el vacío de información también comunica.
Y aquí aparece una vieja regla del poder: a veces basta con dejar que la conversación se disperse.
Hay algo que la política mexicana ha aprendido a hacer extraordinariamente bien: convertir la indignación ciudadana en espectáculo.
Un escándalo ocupa las redes. Los adversarios condenan. Los defensores justifican.
Los funcionarios responden. Los comentaristas discuten. Durante unos días, todos hablamos del mismo asunto.
Y después aparece el siguiente escándalo. La indignación se consume. La memoria pública se desplaza. Y el poder continúa.
Eso es precisamente lo que se debería observar.
No solamente el escándalo. Es observar su duración. No solamente quién responde.
Observar quién guarda silencio. Observar quién tiene incentivos para hacerlo.
A veces aparece en los silencios. Y aquí está la pregunta que el propio caso obliga a formular. ¿Dónde está el respaldo político?
Si la controversia alrededor de los vuelos privados tiene suficiente relevancia para generar investigaciones periodísticas y discusión pública, entonces también debería ser posible identificar qué actores políticos consideran necesario respaldar a la gobernadora, cuáles prefieren mantenerse al margen y cuáles esperan que el asunto desaparezca por agotamiento.
No es una acusación. Es una lectura del tablero.
Porque respaldar a un gobernante también tiene un costo.
Y en política nadie arriesga capital gratuitamente.
Por eso resulta más interesante observar qué ocurre alrededor de Mara Lezama.
Ahí puede encontrarse la verdadera arquitectura del poder en Quintana Roo.
Maquiavelo entendió algo que continúa vigente siglos después:
El poder no necesita convencer a todos; necesita conservar suficiente respaldo para gobernar.
Y eso cambia la naturaleza de la discusión.
No se trata de pedirle al lector que esté a favor o en contra de Mara Lezama. Eso sería demasiado fácil.
Tampoco se trata de declarar culpable a una gobernadora por utilizar aeronaves privadas.
Sí, cada vuelo tiene una explicación legítima. Y si existen responsabilidades, corresponde investigarlas. Así de simple.
La verdadera prueba institucional debería ser mucho más elemental:
debido aque una democracia saludable no debería necesitar ciudadanos enemigos para exigir explicaciones. Debería necesitar simplemente ciudadanos.
Aquí aparece la parte que suele olvidarse. El poder puede administrar sus silencios. Puede administrar sus crisis.
Pero existe algo que no puede administrar: la memoria del ciudadano. Y, finalmente, su decisión frente a una boleta.
El ciudadano puede aceptar una explicación.
Puede rechazarla. Puede olvidar. Puede castigar o incluso puede volver a respaldar.
Por eso mi querido lector la pregunta más incómoda es:
¿Será que el ciudadano realmente quiere cambiar al gobierno… o solamente quiere quejarse de él?
Lo demás, querido lector, se lo dejo a usted.
Porque en política, como en la vida, hay preguntas que no necesitan una respuesta inmediata para empezar a decirnos mucho.




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