top of page

¿México está tomando decisiones de Estado o de partido?

Hay decisiones de gobierno que parecen pequeñas hasta que uno se pregunta qué hay detrás de ellas.


Un encuentro diplomático puede parecer apenas un intercambio académico. Una fotografía, unas declaraciones, un acuerdo de cooperación. Nada extraordinario.

Pero en política, conviene no mirar solamente lo que se anuncia.

También hay que mirar lo que la señal dice.


Recientemente, la Secretaría de Educación Pública, encabezada por Mario Delgado, sostuvo encuentros con el ministro de Educación Superior de Cuba, Walter Baluja García, y con el embajador cubano Eugenio Martínez Enríquez.


La explicación oficial fue puntual: no se trata de una contratación masiva de docentes cubanos para la educación básica, sino de intercambio y cooperación académica.

Y, en principio, cooperar con otro país no tendría por qué ser motivo de escándalo.

El problema comienza cuando la cooperación deja de analizarse por sus resultados y empieza a justificarse por afinidades ideológicas. Ahí cambia la conversación.


México no debería preguntarse únicamente con quién se lleva bien.

Debería preguntarse qué puede aprender, qué puede aportar y qué obtiene a cambio.

Ese es el punto donde la política exterior deja de ser discurso y se convierte en estrategia de Estado.


Hay quienes desde el poder aplican la política de los enemigos necesarios. Durante décadas, buena parte del pensamiento político se construyó alrededor de grandes antagonismos: opresores contra oprimidos, burgueses contra proletarios, pueblo contra élites.

Aquellas categorías respondieron a conflictos históricos concretos.


El problema aparece cuando se convierten en una explicación permanente del mundo.

 

El  México del siglo XXI enfrenta problemas que no caben cómodamente dentro de aquella vieja división que implementó el manifiesto del comunista.

 

Hoy el ciudadano no se levanta pensando únicamente en clases sociales.

Se levanta pensando en seguridad.  En empleo.

En educación.

En hospitales.

En electricidad.

En justicia.

En sí podrá regresar a casa.


Y en algunas regiones, incluso en, sí tendrá que pagar para poder trabajar o instalar un negocio.


El discurso político continúa fabricando enemigos ideológicos, pero se negocia con poderes de facto que operan fuera de las instituciones y que representan amenazas mucho más concretas para la ciudadanía.


Ahí está una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: Seguimos discutiendo la política del siglo XIX mientras enfrentamos problemas del siglo XXI.


En este acuerdo de México-Cuba: Cuba no es el problema. El problema es el criterio.

Sería un error convertir cualquier acercamiento con Cuba en una condena automática.

México puede y debe mantener relaciones diplomáticas con todos los países que considere conveniente.


La cooperación académica tampoco debería cerrarse por razones ideológicas.

Pero una nación de la dimensión de México tiene que preguntarse qué criterios utiliza para construir sus alianzas.

 

Porque si el objetivo es elevar la calidad educativa, impulsar innovación, mejorar la formación docente y preparar a los jóvenes para competir en una economía global, entonces el parámetro debería ser el conocimiento y los resultados.

No la afinidad política.

 

México puede aprender de Cuba en determinados campos. Quizá si.

Pero en estos momentos, donde es crucial el libre mercado, para México también puede aprender de Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Corea del Sur, Singapur, Alemania o cualquier otra nación que tenga experiencias útiles para resolver nuestros problemas. Y sin embargo no existen estos acuerdos con estas naciones.


El conocimiento no debería tener partido.  La educación tampoco.

Y mucho menos la política de Estado.


Si hacemos las sumas donde convertimos  la soberanía  en argumento selectivo, debemos observar las contradicciones.


Si  determinados sectores políticos fortalecen relaciones con gobiernos latinoamericanos de orientación socialista, suele presentarse como defensa de la soberanía y rechazo al intervencionismo extranjero.


Pero si  otros proponen estrechar la cooperación con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, rápidamente aparecen acusaciones de subordinación o falta de patriotismo.

¿Entonces cuál es el criterio?


La soberanía no debería significar escoger amigos ideológicos.

Soberanía significa tener la libertad de elegir lo que le conviene a México.

Si Estados Unidos ofrece tecnología que México necesita, se negocia.

Si Cuba tiene experiencia que puede ser útil, se coopera.

Si Corea del Sur tiene un modelo educativo que puede adaptarse, se estudia.

Si Alemania tiene capacidades industriales que pueden fortalecer nuestra economía, se busca una alianza.


Eso es pragmatismo.  Eso es política de Estado.

Lo contrario es convertirla en una extensión de la batalla partidista y mala capacidad para gobernar.


En un país como lo es México.  El Estado no debe pertenecer al partido  que gobierne. 

Y aquí  quiero llegar al verdadero fondo de este tema.

México no puede ser propiedad intelectual de una corriente política.

No pertenece a Morena. No pertenece al PAN.

No pertenece al PRI.  Para terminar pronto, México no pertenece a ninguna organización.

Pertenece a los ciudadanos.

Y precisamente por eso, cada decisión de un gobierno debería dar respuesta a una pregunta sencilla cuando se firman acuerdos.


¿Esto beneficia a México o beneficia al proyecto político que gobierna?

La diferencia parece pequeña.

Pero puede cambiarlo todo.

El país necesita gobernantes capaces de distinguir entre sus adversarios políticos y los intereses permanentes de la nación.


El mundo cambió.

La economía cambió.

La tecnología cambió.

Las amenazas también cambiaron.

Quizá ya sea hora de que nuestra manera de hacer política cambie con ellas.

Seamos honestos: México no necesita adaptarse al manifiesto comunista del  siglo XIX para encontrar respuestas a los problemas del XXI.

Necesita mirar hacia adelante.


Y aquí dejaré una  pregunta abierta para mis queridos lectores:

¿México está construyendo sus alianzas pensando en lo que realmente necesita como nación… o estamos permitiendo que la ideología de quienes gobiernan decida quiénes son nuestros amigos, nuestros enemigos y, finalmente, nuestro futuro?


Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

​AYUDANOS CON TU  DONACION 

✨ ¡Ey, humanx! ✨ Sabemos que amas el drama, los chismecitos intelectuales y esos debates que te hacen cuestionar si la vida es una simulación. 💭 Pero para seguir desatando el caos informativo de calidad, necesitamos tu good karma.

Monto

50 MXN

100 MXN

250 MXN

Otro

0/100

Comentario (opcional)

Con tu apoyo  nos ayudas! 

a darle más vida a este espacio. y juntos podemos crear contenido aún más fresco, disruptivo y brutalmente honesto. Más análisis, más salseo político, más arte que te rompa el coco.

Haznos el paro y dona! Que el algoritmo no decida qué ves. Hazlo por la cultura, por el chisme con causa, por la info sin filtro. 🚀

👉 Dona ahora y sé parte del desmadre con propósito.

Espacio pogado

bottom of page