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"Si la justicia tiene favoritos… deja de ser justicia”

*Toda la maquinaria morenista contra Maru Campos.

*Se les está cayendo el teatro.

*Orden de aprehensión contra Rocha Moya, ¡al fin!


Durante más de 50 años, Ismael “El Mayo” Zambada, cofundador del Cártel de Sinaloa, nunca fue detenido.


Cayó en 2024 en medio de versiones de traición y señalamientos de que acudiría a una reunión donde estaría Rubén Rocha Moya Gobernador de Sinaloa.


Él lo negó, pero la duda ahí está, y nadie la ha cerrado.


En el sureste, “La Barredora” ha sido señalada como un grupo que limpia territorios con violencia.


Y en el ruido político, ese crecimiento ha sido vinculado con etapas de gobierno de Adán Augusto López Hernández en Tabasco cuando fue Gobernador.


No hay acusaciones formales, pero las versiones sobran y las explicaciones no llegan.


En Baja California, la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda ha sido mencionada por temas de visa en Estados Unidos, e incluso se habla de posibles temas de lavado de dinero relacionados con ella y su esposo. Nada confirmado, pero tampoco aclarado. Y en política, eso pesa.


Pero en Chihuahua la historia es distinta.


Aquí sí hay nombre, señalamiento y presión constante. Claudia Sheinbaum ha enfocado toda la semana su discurso contra Maru Campos.


Directo, sin matices, de su exitoso operativo que destruyó un narco laboratorio de miles de millones de pesos pero con ayuda de la CIA.


¿Y los demás? Silencio.


Ahí está Javier Corral Jurado, el mismo que gobernó antes Chihuahua. Se habló de una orden de aprehensión en su contra por corrupción. Se habló de que lo iban a detener.


Y al final, nada.


Se diluyó.


Se apagó.


¿Quién lo frenó? Nadie dice pero todos sabían quién lo salvó.


Y entonces todo empieza a tener sentido.


El próximo año hay elecciones en Chihuahua.


Y Maru Campos no solo es gobernadora… ya la traen en la conversación como posible candidata a la presidencia de la República.


Ahí es donde cambia todo.


Porque deja de ser un tema de gobierno… y se vuelve un tema de competencia política.


Por eso unos casos se empujan y otros se enfrían.

Por eso unas versiones se amplifican y otras se esconden.

Por eso unos nombres se repiten… y otros se protegen.


No es coincidencia.


Es estrategia.


No es justicia.


Es control del discurso.


Y cuando el poder decide a quién atacar… y a quién proteger, lo que está en juego no es la verdad.


Es el poder mismo.


Cambios institucionales y concentración de poder marcan un giro en México, donde órganos autónomos y equilibrios pierden peso progresivamente.


No hubo tanques en las calles ni toque de queda. No fue un golpe de Estado clásico. Fue algo más silencioso y, por eso mismo, más perverso: la democracia mexicana fue asesinada en cámara lenta, frente a nuestros ojos, y la mayoría lo celebró o lo ignoró.

Construimos durante décadas un sistema de contrapesos, un instituto autónomo capaz de organizar elecciones creíbles y de hacer respetar sus resultados, un equilibrio entre poderes y un federalismo que respetaba a las entidades. Fue un proceso largo, imperfecto, pero real. Y lo matamos.


Lo matamos normalizando cada paso: cuando se subordinó al árbitro electoral, cuando se concentró el poder en una sola persona, cuando el Congreso y el Poder Judicial dejaron de ser contrapesos para convertirse en apéndices. Lo matamos aplaudiendo, justificando o simplemente mirando hacia otro lado.

Hemos normalizado la violencia más atroz en este país, y ahora estamos normalizando también el crimen de lesa democracia. La sociedad que se indigna — y con razón — ante cada feminicidio, ve cómo se desmantela la República y lo trata como un simple “cambio de modelo” o como una anécdota política más.

Eso es la banalidad del totalitarismo: no el mal grandioso y dramático, sino el mal cotidiano, el que se acepta porque “el presidente es popular”, porque “al fin se hace justicia”, porque “ellos lo hicieron primero”. El mal que se vuelve rutina.

Si el asesinato de una mujer tiene nombre propio — feminicidio — , el asesinato de una democracia también lo tiene: autocratización. Pasamos de una democracia imperfecta a una autocracia electoral sin siquiera darnos cuenta de que estábamos de luto.


Y lo más triste es que ni siquiera estamos de duelo.


Estamos viendo el cadáver y seguimos como si nada.


¡Bien!, ahora callan, callan, ¿pero porque callan?, si su tema o su cortina de humo, ya no puede sostenerse, creo que para Octubre caen otros pesos pesados, se había dicho mucho y se tardaron también, Rocha Moya, va para la cárcel de EEUU, así que ya el tema de la Gobernadora María Eugenia Campos, se acaba, no creo que quieran seguir con lo mismo, ahí viene el mundial y junto con el

Problemas fuertes, viene el TMEC y será muy cerrado todo, se van a comer a nuestros representantes, ¿entonces que viene?, la caída de morena y Adriadna Montiel, tendrá triple trabajo con sus 20 mil siervos de la nación.


¡A cuidar urnas en 2027!



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